Cuando Dios legisla sobre mi ateo cuerpo

muñecaHabía una vez un mundo que se hizo en 7 días, un atareado Dios se dio cuenta de que el hombre que había creado estaría sólo y se extinguiría como raza así que le quitó una costilla para  regalarle compañía y proporcionarle vástagos que perpetuasen la especie, pero ella, maldita, quiso pecar probando la manzana prohibida y condenó a la Humanidad para siempre. Así ve el Dios de los hombres a las mujeres, como un trozo de carne que acompaña, que pare y que peca.  Sus fans en La Tierra llevan años tratándonos como esas ingratas que son demasiado tontas para pensar, demasiado frescas cuando muestran su cuerpo, demasiado torpes para llevar las riendas y es que una mujer debe tener claro dónde está su lugar, en la cocina, en la casa, el confesionario y con los niños.

Estos fans del Dios Súperstar se erigen como poseedores de la verdad absoluta sin tener en cuenta la ciencia que hay detrás de un acto natural como lo es el sexo, algo que según estos aguerridos guardianes de la pulcritud ven como sucio, obsceno y con un único objetivo: el de procrear. La procreación es el fin de la vida misma y alrededor de este concepto se ha montado todo este tinglado. Una mujer no es tal si no tiene hijos, una vida no es vida sin una familia y el amor no existe sino es consagrado en la unión de un hombre y una mujer por ello es pecado follar porque sí, porque hoy es hoy, es pecado poner barreras al hecho mismo para evitar un embarazo, es pecado desear… ya sabemos de sobra todo lo que es pecado, tocarse, chuparse, morderse, correrse, disfrutar del roce de nuestra piel y los sentidos.

De este modo si cometiste ya el pecado mortal, da igual la edad que tengas, da igual el riesgo que corras, da igual tu salud, la del futuro ser que se engendra, dará igual todo, porque en ese afán de proteger la ley de Dios, estarás condenada a un infierno en contra de tu voluntad, porque eso es lo que se anula: Tú voluntad.

Vivimos en un país dónde hoy en día mantener un hijo sale muy caro, en el que los recortes en la ley de dependencia hacen que tener un hijo enfermo sea un lujo. Todos los días vemos en las noticias casos de gente desesperada con hijos o familiares dependientes, con enfermedades raras o cualquier tipo de dependencia y/o enfermedad que no pueden trabajar porque al quedarse sin colegios y/o ayudas tienen que cuidar de sus hijos y se nos anula el derecho a decidir si traer a alguien que va a sufrir a este mundo, antes de que se convierta en alguien. Un país en el que las medicinas cada vez son más caras, la asistencia médica cada vez menor, en el que se está recortando en pruebas diagnósticas y se anula el derecho a decidir.

El embarazo es un proceso duro para el cuerpo de una mujer, no me tiñan este vía crucis de la cosa más maravillosa del mundo porque no lo es si no es algo deseado. Un embarazo desorbita nuestras hormonas, afecta a nuestra estructura ósea,  nuestro sistema endocrino, la presión arterial, hay retención de líquidos, aumento de peso, puede provocar infinidad de enfermedades en la madre como la diabetes y estamos hablando de un embarazo normal, sin mayor problema que el desajuste que se produce durante los 9 meses de gestación.  No es un camino de rosas, todo esto afecta al estado de ánimo y si existe alguna complicación como riesgo de aborto, preclamsia, hemorragias o la exposición a una simple gripe o varicela pueden tener consecuencias más graves.

Cuando te ves obligada a pasar por este proceso en un momento en que no quieres o no puedes tener un hijo, tu vida se convierte en un infierno. Si no tienes la edad suficiente para poder asimilar el paso que vas a dar, si no tienes la madurez suficiente para poder educar y mantener a un hijo, verte obligado a ello es catastrófico. Tener un hijo cuando no estás preparado es una condena para ti pero también lo es para el niño y para el entorno. Coarta tu vida y comienzas de cero en una situación no deseada, limitada y sin recursos porque lo que trae esta ley es un recorte en las libertades de las mujeres con menos recursos, las que puedan permitírselo, volverán a Londres o Portugal.

Hay infinidad de razones que llevan a alguien a tomar la decisión de abortar y ésta no es  fácil de tomar. A aquellos que aseguran que una ley del aborto más permisiva se utiliza como método anticonceptivo les diría que no creo yo que abortes el mismo número de veces que te pones un condón. Un aborto es una intervención quirúrgica, que muchas veces cuesta dinero, lleva un tiempo en el que vives en una incertidumbre, sufres un post operatorio, la sombra de nuestra duda moral acecha durante todo ese tiempo y después, generando sentimientos de culpa y estrés post traumático, con lo que por comodidad, creo que es mucho más sencillo una píldora o un condón. Pero su moral en nombre de Dios también entra en conflicto con esto. La educación sexual es fundamental para minimizar los embarazos no deseados y mejorar nuestra salud mental en cuanto al sexo se refiere.

Una está muy cansada de ver como toda esta moral acusadora, castigadora y cruel hace mella en la vida sexual de las personas, en su aceptación tanto del cuerpo como del placer, en la asimilación de nuestra propia sexualidad. Una visión más natural del sexo, el onanismo, el conocimiento de nuestro cuerpo y una educación sexual sana y clara con respecto del proceso científico que hay detrás es determinante para saber qué estamos haciendo. Soy muy consciente de que  pese a los avances hoy en día todavía confundimos todo en un compendio de  placer, pecado, sexo, amor, pornografía, salud sexual, religión, matrimonio y en último lugar ciencia. Un concepto de bien y mal aplicado a algo mucho más científico y natural que espiritual y sin embargo se ve día a día ensuciado por esa moral y llevado a los límites de la irrealidad por el efecto Disney-Hollywood, donde amor y sexo son un casto orgasmo compartido y simultáneo (jajajajaja) entre un hombre y una mujer que se casan y tienen hijos. De esta forma, con esta cultura de amor puro y blanco vivimos como algo sucio cuando escuchamos a nuestros padres hacer guarradas sexuales tras la puerta de su habitación y ahí ya empezamos mal. La cantidad de traumas y frustraciones que arrastramos todos con respecto del sexo, de esa moral de años atrás,  nos mantiene en un bucle enfermizo entre culpa y deseo que hoy nos hace retroceder y ponernos, de nuevo, a la cola de esa Europa que tanto ansiábamos por moderna y cosmopolita. Estamos, again, en la España de Paco Martínez Soria, donde a los niños los trae la cigüeña con el pan bajo el brazo, es un fiesta meter a 12 churumbeles en un 600 y si no hay para comer cordero nos apañamos con lentejas, para contestar al vecino amable que pregunta en el ascensor: “La familia bien, gracias”. Sin embargo en esta España de nueva peineta y mantilla, no puedes llevar a más de dos niños en el coche y menos sin sillita y cinturón que te cae un puro que te cagas, el cordero, ya casi nadie se acuerda qué es eso, pero muchos tampoco se acuerdan de las lentejas, los niños llegan mejor con cesárea y epidural así que más vale que tengas tarjeta sanitaria, y vienen con la hipoteca del carrito, la sillita del coche, los pañales, la comidita, y más tarde, los libros del cole, las nike y la play station.

¿Por qué la ciencia y la medicina no son tenidas en cuenta a este respecto y sin embargo la religión acuñada por personas que se niegan a sí mismos tanto el sexo como la reproducción se convierte en ley? Si bien estoy de acuerdo en tratar de evitar llegar a la situación de tener que decidir abortar y afortunadamente no he tenido que hacerlo, recientemente alguien cercano y  feliz por estar embarazado, se ve en la disyuntiva de tener que tomar una decisión pues una prueba ha determinado que su futuro vástago no llegará a vivir más de dos años por una enfermedad . ¿Es justo obligar a estos padres a arriegarse a un embarazo peligroso, un parto peligroso y una condena de dos años para finalmente ver a su hijo morir? ¿Es justo obligar a una adolescente a anular su vida por un error que quizás hubiera evitado si hubiera tenido acceso a educación sexual?

Si usted tiene derecho a flagelarse con cilicios para soportar la tensión sexual reprimida, mi ateo cuerpo debería tener el derecho de cuidarse, darse mimos, disfrutar del placer, poder poner barreras para no tener embarazos no deseados y en última instancia la libertad de decidir sobre los riesgos que implica un posible embarazo en mi cuerpo que ya está mayor y arrastra medicación crónica para ciertos achaques de la edad.