Ciudadano incómodo, Albert… Plas, plas, plas.

freedom of speechQuerido ciudadano incómodo Albert Pla: Ya su nombre suena muy catalán, demasiado catalán para los tiempos que corren, profundamente catalán para el españolito de a pie que vive a cientos de kilómetros de su tierra, e igual que existe cierta catalanofobia y cierta españolofobia, algunos estamos en medio de este fuego cruzado sin entender cuál es nuestro lugar. En los últimos tiempos vengo viendo cuando viajo a los madriles, vivo en Valencia, que si se me escapa un “molt be” me riñen y acusan de catalanista, tócate los webs. Si hablo de algún Jordi, Joan, alguna Xisca o algún Albert, me piden que diga su nombre en “cristiano”… afortunadamente son los menos, pero alguno hay (y cada día crecen). A veces respondo que en este país nadie se escandaliza ni desprecia a todos esos Johnnys, Kevins o Jennifers, ni tampoco se les acusa de ser yankees, básicamente porque no son del Bronx, ni de Hollywood, sino de Carabanchel, Dos Hermanas u Hospitalet, y además sonar a yankee es guay.

Con toda esta guerrilla que se traen, la del nacionalismo, que a muchos nos parece una cortina de humo para desviar la atención de temas con un calado mucho más profundo,  tanto en Catalunya como fuera, hay que decir que si alguien está haciendo que el independentismo catalán se expanda como una mecha son precisamente acciones como la enorme indignación que ha suscitado su tan criticada entrevista. Debo decir que me apena escuchar a alguien decir que le da asco ser de cualquier lugar, así en general, básicamente porque no creo que ningún lugar deba dar asco, en todo caso, habría que responsabilizar al ser humano y no al lugar concreto. Tampoco puedo entrar en el debate de si un territorio de la península debe o no pertenecer al Estado porque no tengo cualificación para opinar sobre ello, ni siquiera unos conocimientos básicos de historia para poder opinar con cierto criterio, pero que se utilicen estas afirmaciones tratando de enfrentar a los ciudadanos de tres al cuarto (entre los que me incluyo, faltaría más), por el idioma, por el presupuesto que el gobierno asigna previa negociación a cada comunidad, por su elenco de artistas, o porque hoy es hoy, está resultando una estrategia efectiva. Se trata de dividir para vencer, aunque vencidos ya estamos  y jodidos también, divididos somos menos fuertes.

El pseudo intento “revolucionario” del 15 M parece haber asustando en cierta medida lo suficiente como para endurecer ciertas políticas, con el objetivo de que nadie se salga del tiesto. Dentro del plan de acción, se trata de hacer que todos estemos cabreados con todos, con los inmigrantes, con los catalanes, con los extremeños, con los andaluces, hasta con los que llevan el pelo de colores, menos con los políticos. Usted esta vez parece haber sido el cabeza de turco, como lo han sido en el mundillo artístico el tan odiado Willy Toledo, o aquellos que salieron a decir No a la guerra, que sembraron con su hazaña el hundimiento de su industria tal y como se conocía, pues el cine hoy es un ejercicio de supervivencia y objeto de crítica hasta por los ministros en el parlamento. Es tremendamente sencillo hacernos odiar a ese rico Bardem que desde su pulpito Hollywoodiense viene a presentar su producción sobre el Sahara, porque si hay algo que nos encanta criticar es a ese “rico” de izquierdas, algo que cultivan algunas medios y abonan cada día condenando a esos que lanzan misivas bolcheviques y tienen millones, como síntoma de incongruencia y discurso pueril. Como decía Borja Pérez, ¡qué fácil es criticar! Pero sigamos con Don Albert. Que cada vez que habla, como decía mi abuela, sube el pan, no es nada nuevo, pero ese es el tipo de artista que es usted, si de algo se le puede tachar es de transparente, pero como usted bien sabe, métase con todo excepto con aquello que nos es más sagrado. Ya cuenta en su entrevista lo difícil que resultó publicar algunas de sus canciones como Majestad. Lejos está quedando ya la lucha por la libertad de expresión, es más, ¿libertad de qué?, ahhhh, sí, un día oí que en este país hubo de eso, pero no sé, yo no lo conocí, debía ser muy pequeña, creo que fueron unos años ilusorios en los que gente como usted salía de vez en cuando en programas de la tele pública, incluso rockeros melenudos y punkis, incluso en programas juveniles. También se hacía cine de yonquís en los que se cortaban las orejas y el rabo, se publicaban canciones que hablaban desde la ironía del Que más me da si da o no da, en las comedías se fumaba marihuana, en las series de la tele se decían tacos, los alcaldes invitaban a colocarse, algunos hablaban de sus lugares comunes como Ciutat podrida y hasta en ocasiones les hacían entrevistas en los programas de por la noche, como los yankees en el show de Letterman… y hablando de yankees, todo esto cada día me recuerda mucho más a los yankees, a la liga de la moralidad que montó la señora de Al Gore, sí, ese que nos quiso enseñar la verdad incómoda del cambio climático.  Contra la señora Tipper Gore y su PMRC, Centro de Recursos Musicales para Padres, se postularon músicos de la talla de Jello Biafra, e incluso recuerdo a un lúcido Dee Snider, eso sí, sin maquillaje y en modo serio, alegar ante el juez contra la señora Gore, dejando a todos atónitos, pues quién iba a pensar que ese tiparraco que se disfrazaba de mujer en sus vídeos de heavy poser, iba a tener siquiera discurso, cuando menos inteligente. Otros más cercanos, me refiero de esta península como Óscar Sancho (Lujuria), por poner un ejemplo han sufrido querellas por hablar de quien no debían y cada vez son más los que por las letras de sus canciones, por alguna incómoda manifestación, o arranque subversivo son foco de ataques, denuncias, querellas, en un país dónde se habla demasiado de libertad de expresión, pero sólo se habla.

Desde mi punto de vista y no compartiendo todos los discursos de aquellos que he mencionado, a pies juntillas, lo que sí pienso, si se me permite pensar, es que puede usted sentirse de donde quiera, pese a que no soy nacionalista. Nacida en Madrid (venga, ya puede mofarse, pues también hay una creciente animadversión a todo lo que huele a madrileño), no seré yo quien le diga a que nación pertenece, particularmente no me siento arraigada a ninguna tierra, aunque desearía vivir en una isla paradisíaca como las Seychelles (lugar que no conozco, pero está de puta madre en las fotos), si pudiera permitirme cierta movilidad exterior.  Tratando de ponerme en el lugar de alguien que siente cierto apego a la tierra donde nació, entonces tengo que reclamar la República Independiente de mi Vallekas… Sí, es triste, ni mi slogan independentista me pertenece, pues probablemente está registrado a nombre de la enorme corporación sueca. Lo que sí me escama, es que el hecho de opinar sea sinónimo de veto, ya  ha ocurrido con algunos periodistas que fueron sacados por la puerta de atrás de sus programas y no por falta de audiencia (que se lo digan al Wyoming que sobrevive nadie sabe cómo), y que el discurso de que el artista es un mero bufón que sólo debe entretener, pero no tiene opinión, porque no es un economista, un periodista de tertulia política o un abogado es cuando menos un síntoma de que hay algo aquí que va mal. Si de por sí sobrevivir en el arte es complicado, bueno, hoy sobrevivir en lo que sea lo es,  a usted la osadía de opinar  le está costando el pan porque creo que se gana la vida haciendo espectáculos en salas de teatro, ¿no es así?, si no he entendido mal, usted paga un alquiler por la sala donde hace su espectáculo, cobra una entrada y de eso vive, de la taquilla… pues alguno le recomendará  aquello que decía aquel señor bajito… Si usted quiere vivir tranquilo, no se meta en política.