Libres por un día en Canal 9

Canal_9 El periodismo consiste esencialmente en decir ‘Lord Jones ha muerto’ a gente que no sabía que Lord Jones estaba vivo.  GK Chesterton.

Hoy algunos apuntan que lo que ha muerto es el periodismo, porque dejó de apelar a la libertad de expresión hace mucho tiempo. No voy a entrar en si detrás están los grandes grupos mediáticos o en si las líneas editoriales son o no una censura impuesta a la labor del periodista. Los periodistas en sí mismos y de manera individual olvidan qué es hacer periodismo cuando su hipoteca y el colegio de los niños depende de su independencia informativa. No se les puede culpar. En realidad es algo que hacemos la mayoría. Hay pocos valientes en la viña del señor y hoy ser riguroso, es ser un valiente.

Lo que ocurrió ayer en Canal 9 no es más que la consecuencia de lo que ya teníamos claro que estaba pasando en el mundo de los medios de comunicación y es que la crisis del modelo informativo hasta donde lo conocíamos, ha cambiado con la aparición de internet. Ya no aceptamos con la misma naturalidad la información sesgada, comprometida con unos intereses porque sí. Buscamos informarnos como nosotros queremos, no como quieren los poderes políticos en el caso de los medios autonómicos o privados en el caso de los medios de grupos de comunicación. Tanto es así que los propios dueños de los medios no saben cómo adaptarse a este nuevo modelo en el que es el usuario el que decide cómo y dónde se quiere informar y por supuesto, tiene que ser gratis. No sé qué nos tendrían que ofrecer para pagar por ello, así que a romperse la cabeza si quieren rentabilizar su medio de comunicación en internet.

Ayer fue la primera vez que puse un canal de la RTVV, reconozco que ni los informativos, ni el contenido de entretenimiento o ficción, me llamó nunca la atención, quizás porque no soy valenciano parlante. Probablemente ayer su share estuvo muy por encima de sus cifras habituales, pero lo que se ha llamado valentía, la hazaña del equipo de RTVV con su especial hablando del cierre del ente público valenciano, tiene un poco de desesperación.

Es una paradoja que aquellos, como la asociación de víctimas del accidente de metro, deliberadamente olvidados por los medios de RTVV, estuvieran allí apoyando a los periodistas en la Plaza de la Mare de Deu en un ejercicio solidario que admiro profundamente. Los trabajadores de RTVV ayer admitían públicamente haber reaccionado tarde y mal, admitían haber hecho una comunicación sesgada, diseñada desde un despacho del Palau. Muy bien, rectificar es de sabios, aunque algunos hubiéramos preferido este gesto antes pero desde la solidaridad entiendo que no están las cosas para hacerse el valiente.

El debate sobre los medios de comunicación al servicio de intereses lleva en boca de muchos durante años. La independencia informativa, la libertad de expresión, el rigor a la hora de comunicar, son cosas que han ido pasando en gran medida al olvido y lo peor de todo es que nos hemos acostumbrado a que esto sea así. Cuando leemos un periódico o vemos un canal de TV, ya sabemos a quién pertenece, qué nos van a contar y cómo nos lo van a contar. El halo romántico que envolvía la profesión del periodista ha caído en saco roto, y una profesión que fue valorada por su riesgo, hoy no tiene el valor que debería, y es que tenemos ejemplos de periodistas, de la gestión de canales y medios que han hecho mucho daño a la profesión. Una profesión que, desde mi punto de vista es o debería ser absolutamente vocacional, como ser médico o bombero. Me pregunto ¿qué es lo que lleva a alguien a convertirse en periodista? Ahora que la profesión pasa por sus horas más bajas, así, en general, y sus héroes pasan sin pena ni gloria, asesinados, secuestrados o despedidos.

En esta comunidad, la valenciana, que yo conozco desde fuera pues soy forastera, el mundo audiovisual ha estado tan centrado en la comodidad de conseguir migajitas de la RTVV, los derechos para hacer películas, producciones para cualquiera de sus canales, que han sobrevivido durante años, malviviendo muchas, sin preocuparse de tejer una industria audiovisual que pudiese competir. Tampoco son los únicos responsables, en general la industria audiovisual de este país adolece de lo mismo. Sujetos a las subvenciones y a la endogamia en la que el pastel, pequeño de por sí, se reparte entre aquellos que están dentro, ahora, toda esa gente está jodida. No sólo los 1700 trabajadores del ente público, también las productoras grandes y pequeñas que hacían cosas para RTVV, los guionistas que conseguían subvenciones para desarrollar sus guiones en valenciano, etc., etc., etc. En definitiva, gran parte del audiovisual y el periodismo en esta comunidad se va a la mierda con RTVV, pero aún hay algo más triste. LA COMUNIDAD SE QUEDA SIN CONTENIDOS EN SU LENGUA.

Los niños que aprenden valenciano en las escuelas no podrán ver dibujos animados o películas para practicar su idioma y si una televisión autonómica tiene una función social es la de poner en valor su cultura. Además de todo esto la difusión de las fiestas y el folklore, que forman parte de la identidad de un pueblo tampoco encontrarán una vía. Se puede decir que los mayores damnificados de esto son los televidentes del ente público.

Pero ¿qué hay detrás de todo esto?  ¿qué sucederá a partir de ahora? Entre las opciones que se barajan una es la liquidación del ente para que pase a manos de una entidad privada que gestione en su totalidad la cadena, esto ya ocurrió con la televisión de Murcia y muy probablemente suceda así, pero además el aviso de cierre tras la anulación por parte del TSJ del ERE es un aviso a navegantes para aquellos que están en situación similar como es el caso de Telemadrid. Una muestra de la incompetencia de los gestores políticos a cargo de este tipo de empresas, igual que sucedió con las Cajas de Ahorros o como sucede en otros sectores. Las deudas que acumulan las televisiones autonómicas son de hacérselo mirar, si ya de por sí gestionar una tele es complicado, tener un volumen de empleados superior al de dos televisiones privadas generalistas nacionales es síntoma de que las cosas no sólo no se han hecho bien, si no que se han hecho como el culo.  Ayer se apuntaba que una tele autonómica no puede competir por los derechos del fútbol pagando esas cifras astronómicas por los partidos. No, por supuesto, la tele autonómica está para crear contenidos con la gente de su comunidad, por y para ellos, mostrar su lifestyle, ocio, cultura, preocupaciones, etc. Todo eso es infinitamente más barato de producir que los derechos de emisión del fútbol, la F1 y demás eventos de lujo para una autonómica. La pregunta que me hago es ¿qué se le pide a un gestor de estos medios? porque, teniendo en cuenta que vivimos en un país donde te piden una licenciatura e idiomas para ser repartidor de bollería, a alguien que gestiona una unidad de negocio con un volumen de millones de euros ¿qué se le debería pedir?

¿Qué deberíamos pedir a los políticos que nos gestionan? En sus manos se pone el presupuesto que pagamos todos, pero también se les da rienda suelta para generar una deuda que acabamos pagando todos, que es lo que pasa con los delirios de grandeza de esta comunidad. Si no recuerdo mal en algún Salvados se hablaba de unos cuarenta años para que los valencianos paguen esta deuda, algo que yo no veré cumplido y no lo veré, no sólo por la edad, si no porque la deuda está para seguir acumulándose. Lo que ha pasado en RTVV no es otra cosa que lo que sucede con todo lo demás.  Puentes que cuestan cientos de miles de euros al año para llenarlos de bonitas flores, la televisión autonómica sobredimensionada, la F1, la Copa América, el aeropuerto sin aviones, megaconstrucciones dignas del famoso programa de la tele que no son más que enormes continentes carentes de contenido, hospitales públicos de gestión privada que no son rentables y todo recae sobre este contribuyente que cuando vota, no parece saber que está asumiendo una carta blanca para que esa deuda aumente según los delirios de grandeza de aquellos que una vez quisieron hacer de esta comunidad, el Principado de Mónaco.

Con las cartas sobre la mesa, ayer los cabreados periodistas de RTVV querían expresar su malestar, lo hicieron y se agradece, pero un pequeño tirón de orejas nos merecemos todos cuando hemos participado del juego del silencio, el servilismo y el caciquismo que parece ser signo de identidad en esta comunidad, cosa que tampoco es cierta pero es la imagen que exportamos con nuestros multipremiados por la lotería y exculpados de los casos de corrupción.  Soy de fuera, sí, conozco a algunos trabajadores de Canal 9 que ya hace años hablaban de su privatización y su desastre, no soy valenciano parlante pero lo entiendo y soy partidaria de que se conserve la identidad de este pueblo que tiene grandes cosas que ofrecer y no sólo las Fallas o esa imagen de ciudad de lujo que han querido vender. Vivo aquí porque es un sitio estupendo donde vivir y sobre todo porque entre los valencianos hay gente muy comprometida, que abre las puertas, que hace cosas, que son creativos, que son solidarios y que están sufriendo las consecuencias de este derroche desproporcionado de nuestros políticos, tampoco mi Madriz está mucho mejor. Para vender esta comunidad era innecesario pagar a Asterix por hacer una película en la Ciudad de la Luz, como también lo fue hacer carreras por las calles, como lo han sido miles de cosas que ahora nadie sabe qué hacer con ellas. Es el caso de esta RTVV que ayer fue libre por un día, tarde, pero histórico admitir publicamente lo mal que se han hecho las cosas.

Nota: esto no es más que el ejercicio de la libertad de expresión de una humilde madrileña afincada en la CV desde hace 12 años.

Héroes de papel en la terraza del bar, Évole vs Reverte

game-overQue Jordi Évole había creado mucha expectación con el estreno de Salvados es una realidad. En la cadena una batería de anuncios de la entrevista al tipo que ha dicho por activa y por pasiva que no va a la tele, ese periodista que vive en Territorio Comanche permanente y novelista de héroes alatristes. Pensándolo bien, con la cantidad de tertulias televisivas que hay en este momento, formato barato para tiempos de crisis, seguramente a Pérez Reverte le hayan llovido las ofertas para dejarse caer por dichas tertulias a soltar alguna de sus perlas a los Marhuendas.

Seguí la entrevista desde el confortable salón de mi casa, no eran horas de estar haciendo la revolución, aunque para la revolución no hay horas, diría el revolucionario. Lo admito, tenía interés por ver en carne y hueso, tras la pantalla, al tipo que en multitud de ocasiones me ha hecho sentir que me ha quitado la palabra de la boca. Quizás porque es más mayor, quizás porque ha vivido más y corrido por el mundo tengo al Sr. Reverte por un endiosado sabio que desde su trono digital dice lo que le place sin filtro, algo que alabó el Jordi con cierta razón.

Pérez Reverte soltó perlas sobre todo, así, en general, dejando claro que parece estar de vuelta porque el conocimiento profundo de la historia suele llevar pareja esa sensación y es que es asombroso que la historia se repita cíclicamente. El tema del programa era si la vida seguía igual en este país en el que, en muy poco tiempo nos han dado la vuelta en la sartén y lo que parecía iba a ser una tortillita, doradita y en su punto, se está achicharrando. Esa tristeza que implícita en las palabras de Pérez Reverte ha nacido del que se siente impotente al ver cómo la disgregación social ha hecho que no podamos organizarnos para clamar por lo que sería justo, es hoy el estado general de las cosas. El país está triste, no lo dice Pérez Reverte, lo dice la inmensa mayoría de la gente, la tasa de depresión y consumo de ansiolíticos y antidepresivos se ha disparado. Aunque como decía Reverte todos queremos que pase la crisis para seguir haciendo aquello que hacíamos antes, es decir, no preocuparnos, seguir consumiendo como si mañana se acabase el mundo y pensando que somos los reyes del Mambo, hoy sabemos que nos la metieron doblada. Lo peor de todo es que muchos lo avisaron y algunos lo leímos, lo escuchamos en alguna canción, lo vimos en alguna entrevista, o lo intuimos en algún documental, pero aquellos que avisaban eran más agoreros que Casandra y les mandamos a la mierda para no aguarnos la fiesta de que con un sueldo de mileurista podíamos comprar el mundo, o al menos una casa por 250 mil pavos. Apuntaba este sabio con patente de Corso que si mañana despertase una revolución, saldríamos corriendo a asomarnos por la ventana para ver si nos han quemado el coche, como decía la canción de Def Con Dos, puedes lapidar a mis ancianos padres, pero hagas lo que hagas, no me ralles el coche. Somos así, ni siquiera el intento de organizarse del 15 M quedó con cabeza en las palabras de Pérez Reverte, y eso que admitió haber visto en ese momento un pequeño oasis de heroicidad en aquellos jóvenes que salieron a la calle, pero hoy el 15 M es algo anecdótico, que recuerda mucho al fuelle que perdieron los hippies protestones antivietnam cuando fueron inundados con marihuana, heroína y LSD. Esta vez el 15 M, está limpio, pero no está y para muchas cosas ni se le espera. Localmente se hacen cosas que pueden estar paliando la posibilidad de un estallido, porque el españolito es muy pícaro, muy egoísta, muy cotilla y muy perrillo, pero también es solidario, asombrosamente puede llegar a ayudar a los demás, aunque sólo sea por ese resquicio de caridad a la que invita el líder más seguido de este país, Jesucristo.

El programa mostró varios ejemplos de cómo localmente la población estaba tratando de hacer frente a la desnutrición infantil, a los desahucios con monja incluída animando a la ocupación de casas en manos de los bancos y todo esto sin salir de un mismo barrio en el que el valor de la vivienda ahora es tres veces menos el valor que fue en aquellos años de la burbuja inmobiliaria y que nos llevó a todos al desastre, o más bien a la exclavización de tener que pagar la hipoteca. El miedo a lo que pueda pasar está haciendo que no pase nada. Vecinos que ahora están en la puerta del súper con la mano extendida, los niños que van al colé cada vez más delgados y que hace unos años corrían por el parque con bolsas llenas de chucherías y los que tienen, miran para otro lado, enfrentados. El que tiene trabajo, se enfrenta con el parado, porque le tiene que mantener, con el funcionario porque vive mejor que él, con el inmigrante porque vino aquí a quitarle el trabajo y te dan ganas de gritar o vomitar, porque el que le quita el trabajo se sienta a comer de cinco tenedores, y con la copa y el puro en la mano recomienda currar más y cobrar menos, sentando cátedra de cómo se resuelve la situación del país, que, eso sí, le está generando grandes beneficios, porque hoy España es más “competitiva” que hace unos años, hasta Bill Gates lo sabe y va a sacar tajada.

Acabó el Sr. Reverte apuntando que de todo esto saldrá un hombre nuevo más consciente de que no se puede encantar consigo mismo porque la patronal seguirá proponiendo lo que le viene mejor, currar más y cobrar menos, con la excusa de ser más competitivos, los Estados seguirán endureciendo las libertades, porque el control de los brotes de insurrectos será una máxima prioridad y nuestra vida se parecerá mucho a las películas de ciencia ficción en la que los estados ultra controladores, generarán legiones de autómatas que se conforman con poco, para los que siempre habrá una Resistencia, a la que acusar de aquello que no les conviene y que dará ejemplo de lo que puede ocurrirte si te sales del tiesto. Puedes ser un Justin Timberlake corriendo para comprar tiempo, saltando directamente a donde vive la élite con su comida, su aire y sus ropas no contaminadas… lo malo es que en las pelis la historia acaba bien, pero aquí el final feliz no está en el guión, es más, las pelis se parecen mucho en esencia a la realidad, para que la realidad de la conspiración pierda su credibilidad. Si usted dice, todo esto forma parte de un plan, un pastel que se reparten los que pasan después a dirigir nuestros destinos bien sea desde un escaño o desde una empresa privada, allanándose el camino para que después los beneficios sean más. Frases como que vivimos demasiado y no podremos pagar las pensiones, o que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, o que mantenemos a demasiados inmigrantes, o bla, bla, bla, sólo nos hacen apuntar con el dedo al tipo equivocado como culpable de que yo hoy esté en peor situación que ayer. Nos están acostumbrando al, es inevitable, al no hay nada que hacer, es necesario hacer esto, y el que propone cualquier otra solución es desacreditado y ya está, sólo hay un discurso y mientras la calle proteste dentro de los límites de una legalidad cada vez más limitada, no hay problema porque hasta eso está previsto y sirve para dar un canal de despotrique en la barra del bar, que es donde nosotros hacemos la revolución, es donde nos sale el presidente del gobierno que todos llevamos dentro, es donde postulamos nuestras teorías para salir de esto, y es donde a la hora de cerrar, nos vamos a casa, eso sí, mirando antes si hemos dejado el coche al lado de un contenedor por si a algún desalmado se le ocurre prenderle fuego.

Tras la entrevista esperada por muchos, algunos tweets acusaban a estos dos sentados en la terraza del bar de no hacer nada por cambiarlo, como decía aquella canción de La Polla Records y es que ni en esto nos pondremos de acuerdo. Claro, es muy bonito hablar y hablar delante de un vaso de agua y decir lo que está mal, pero si no vas a una asamblea parece que no tienes derecho a quejarte o dar tu opinión. Si no empuñas una pancarta, si no te da con una pelota de goma un antidisturbios no debes hablar porque no sabes lo que pasa en la barricada. Esto es lo que produce esa enorme tristeza, aquí radica la impotencia, si hablas no estás actuando, pero, sinceramente, señores revolucionarios de barricada y pancarta, en este juego que alguien como Pérez Reverte inspire a 4 millones de personas, 20 % de share, soltando perlas y lección histórica de cómo ha sido este país es algo, ¿no? Quizás alguno de esos cuatro millones mañana esté con ustedes en la calle, en la marea blanca, azul, verde, negra… la del color que sea, y que lo haga porque ha escuchado algo que le ha hecho pasar a la acción. ¿O no? Ya pueden empezar a pelarme viva, porque yo también elegí la palabra en vez de la pancarta para comenzar el día de hoy.

En mi hambre mando yo.

sexo en vallekas II en la playaHe seguido a muchos artistas y pensadores, pues me motiva el arte y el conocimiento, a otros les motivan las personalidades televisivas, las personas con éxito… Cada uno puede admirar a quien le plazca. Entre esas personalidades que he admirado a lo largo de mi vida, muchos han ido cayendo por el camino, la edad, el compromiso y la evolución han hecho que lo que admiraba con quince años no sea lo que admiro ahora, algunos simplemente porque no tenía una visión real de lo que eran, esto se traduce en una falta de coherencia y otros simplemente porque no me ofrecen nada que hoy me interese.
Si hay alguien a quien destaco desde que lo conociera, no personalmente pues no tuve ocasión, sino como figura pública es el profesor José Luis Sampedro. Anoche volví a ver la entrevista que Jordi Evole le había hecho hacía ya tiempo y quizás he esperado para escribir sobre ello a ver esa lección humana, pues no ha habido muchas ocasiones para poder escuchar a un sabio como Sampedro hablar como siempre lo hizo.
Mi emoción anoche tenía el amargo sabor de la muerte, una sensación de perdida irreparable que no he sentido excepto con mis familiares. La desaparición de un sabio que cada vez que tuve oportunidad de escucharle sentí que me quitaba las palabras de la boca, que formulaba aquellos pensamientos abstractos que componen mi filosofía vital y nunca fui capaz de enunciar de una manera tan sencilla y a la vez tan contundente, es algo que todavía me parece injusto, pero, asombrosamente igual que acepto la muerte como el final del camino de la vida, acepto que Sampedro se haya ido, eso sí, no puedo evitar sentir su marcha en mitad de esta tempestad, vivo su ausencia como algo doloroso porque me privará de un aprendizaje que siempre obtuve cada vez que escuché o leí a este maestro.
Durante estos dos últimos años he recurrido a Sampedro en momentos de flaqueza pues en ocasiones necesité una dosis de lecciones de supervivencia para no caer en el desánimo y el miedo. Durante estos últimos años ha habido frases del maestro que se han tatuado en mi memoria. Tenemos una vida y tenemos el deber de vivirla, algo que se nos olvida en la rutina diaria. La dignidad que nos llevará a la pérdida del miedo, la voluntad de aprender a pensar libremente, pese a sentirnos enjaulados, o estarlo y la valentía de ver en las pequeñas cosas, lecciones magistrales de supervivencia, hicieron que en los últimos años, este hombre humilde pero muy sabio ocupase el primer lugar de mi admiración. Si quise alguna vez parecerme a alguien, ese fue Sampedro. Hizo que no me sintiera un marciano en esa marea humana a lo “1984” que ya adelantaba el control del Gran Hermano y nos trataba de ignorantes con ciertos tintes de seres clónicos y sobre todo dominados por una élite que nadie sabe muy bien qué es, pero a la que todos tenemos miedo. Me hizo darme cuenta hasta qué punto es importante el pensamiento, el conocimiento, la dignidad y la educación como vías para escapar a ese control que proclama y venera la ignorancia como formula de éxito, que ahora está tan presente en los medios de comunicación y que ya formuló Chomsky hablando de la manipulación mediática.
Algunos veneran dioses, algunos endiosan a hombres y mujeres, otros simplemente compartimos otro punto de vista, el de decir: Bienvenido a la república independiente de mi casa, porque mi casa es un territorio libre en el que la única bandera que exista sea la que yo quiera poner, la Constitución sea la que yo quiera crear y bienvenidos serán aquellos librepensadores que deseen hacer de éste, un mundo mejor, donde realmente estemos civilizados y no se masacre en nombre de ningún Dios, no se viole el derecho internacional en pos del beneficio de cuatro, no se mire para otro lado cuando se violan los derechos de otro ser humano y donde todos se atrevan a decir : En mi hambre mando yo.
PD: una pena que el slogan haya sido utilizado por una marca comercial, que hasta de la libertad se adueña… ¿será porque en el fondo sí que nos importa ser libres? De otro modo el marketing no haría de la libertad un símbolo, una meta que conseguir… si consumes su producto… repito: No me digan cómo debo vivir porque en mi hambre, mando yo.