¿Sumisa?, los cojones…

casate y se sumisaÚltimamente pululan en el aire mensajes  sobre mujeres obedientes, mujeres sumisas, mujeres que adoran al macho alfa. Sólo tengo una respuesta, ¿sumisa? ¿obediente?, por los cojones voy a ser sumisa y obediente.

Uno de los grandes males de nuestras generaciones, la de mi abuela, la de mi madre, la mía y la de las que vienen por detrás es la educación que las propias mujeres nos han dado. Desde pequeña dije NO a una educación machista, ilusa de mí que iba de feminista, no fue hasta mucho tiempo después cuando me di cuenta de que yo también era machista. Tras una adolescencia convulsa entre colegios de monjas, amigas y compañeras de instituto que se quedaban embarazadas antes de tiempo, el idealismo, la política y la figura de la mujer sobreviviendo en un entorno hostil hicieron que el mundo que se configuraba de puertas para dentro de mi adolescente habitación se diese de morros con el mundo de fuera. La República independiente de mi habitación, era un mundo libre, donde las mujeres y los hombres buscaban y tenían respecto, donde la inteligencia y conocimiento eran prioridad y donde el pasado era una serie de luchas de hombres y mujeres que se habían enfrentado al mundo, entre otras cosas,  para que las mujeres tuviesen derechos. Científicas que habían desafiado a ley imperante para ejercer su especialidad o simplemente poder estudiar, compositoras que tenían que publicar sus obras a través de hombres que se atribuyeron sus creaciones, escritoras que publicaban bajo seudónimos masculinos, guerrilleras que se enfrentaron a sus propios compañeros de guerrilla, cuando las mandaron  a cocinar y curar a los heridos por su condición de mujeres, toda esa parte de la historia supuso el mayor aprendizaje de mi vida.

Luego vino la realidad. Una realidad en la que las señales de machismo o dominación pueden llegar a pasar inadvertidas o ser confundidas con el “amor”: LOS CELOS. Creo que prácticamente todas las mujeres se han visto en situaciones donde, en la mayoría de los casos sin tener consciencia de ello, se han enfrentado a intentos de dominación. “Cari, estás demasiado guapa, no sé si deberías salir a calle así”, “no me gusta que quedes con tus amigos sola cuando yo no estoy”, “esa falda es muy corta”, “ese maquillaje muy provocativo”… Topicazos que sin embargo yo he llegado a escuchar y lo peor, dirigidos a mí. Creo que en mayor o menor medida tod@s sabemos de que estamos hablando, pero hay más. ¿Qué ocurre cuando no eres “femenina”? Cuando no te pones minifaldas, ni te maquillas, ni llevas prendas ajustadas, desprecias los tacones, la depilación y otra serie de torturas que sólo te causan dolor de pies, frío, irritaciones cutáneas, alergias, picores, dolor, dolor, dolor, sólo por estar “femenina”, sólo por estar guapa.

Ser femenina es la primera máxima de la dominación sexista localizada en una serie de prejuicios que pueden llevar de la libertad a la sumisión, de la sumisión a la violencia de género. Una máxima que además está presente en todo hoy en día. El mundo de la imagen vende a mujeres así, no verás otros modelos de mujer y por supuesto serán tachadas de todo menos de femeninas. Cuando no eres “femenina” porque has decidido no serlo, has decidido no dejarte llevar por los cánones de belleza, no someterte a torturas estúpidas, tu escala de valores se sitúa en otras parcelas y no pretendes agradar al resto sino a ti, ser coherente contigo, tener confort y no someterte al frío para enseñar tu cuerpo, al hambre para estar delgada, a la exposición a productos tóxicos para ir maquillada y sin pelos, en definitiva no quieres  pillar un trancazo, reacciones alérgicas, sabañones, juanetes, escoliosis, contracturas musculares, sólo para estar “bella”… Entonces vienen los comentarios:

– Hija, vas hecha un camionero.

– A ver si te arreglas un poco.

– Como te va a querer un hombre si vas con esa pinta.

– A ver si vas a ser de la acera de enfrente…

Estos comentarios vendrán de tu entorno familiar y en especial de las mujeres, sí, las mujeres serán las primeras en criticar tu actitud. Afortunadamente fui una niña y una adolescente que ejercía la profesión de estar siempre en contra; me enfrenté a todo aquel que me decía cómo tenía que ser como mujer, pero los mensajes que se repetían a mi alrededor eran:

– Tienes que aprender a callarte.

– Como sigas así vas estar sola toda la vida.

– Hay cosas que sólo las hacemos bien las mujeres. Hay cosas que son de mujeres.

– Pero si en mi casa la que manda soy yo.

– Obedece.

– Cásate, no te vayas a vivir con nadie sin casarte que eso no está bien.

– Vas a acabar mal.

Incluso en alguien consciente de su condición y de que todos estos mensajes son residuos de una cultura machista desgraciadamente muchos de esos mensajes penetran aunque sea de manera inconsciente y hay momentos de tu vida en los que se hacen visibles, sobre todo en la vida en pareja. Ahí los mensajes comienzan a ser otros y hablo de mensajes de las mujeres que tienes alrededor:

– Ay madre, lava esas cortinas.

– Limpia esos cristales que no se ve. Tú crees que una mujer puede tener así su casa. HAZ LA CAMA.

Da igual que curres 8 ó 10 horas diarias de Lunes a Sábado o Domingo, ese es tu cometido casi más que ganarte el pan. Durante un tiempo recién independizada con pareja la gilipollez me abdujo, confundí el amor, confundí mi papel y permití ciertas cosas que afortunadamente paré a tiempo con una separación, momento que también me trajo comentarios de las mujeres de mi alrededor que ya podéis imaginar en qué línea iban y a las que tuve que mandar a Parla poniendo tierra de por medio, cosa que me vino de puta madre para empezar a ser mi yo real, la yo que siempre quise ser, que no es fácil. Fue en ese momento donde fui consciente de que pese a mis ideas, la educación que había recibido me hizo actuar en contra de mi propia voluntad, de mi propia ideología y no respetarme a mí misma. A partir de ese momento NO HE HECHO LA CAMA JAMÁS y ahora un estudio me da la razón, pues no hacer la cama elimina los ácaros y yo soy alérgica.

En fin esta es la historia de millones de mujeres que no quieren estar sometidas, pero que corren el peligro de estarlo si no saben interpretar las señales. Todavía está extendida la creencia de que si no hay violencia física no hay maltrato. Basta entrar en cualquier página de organizaciones que trabajan con víctimas para saber que la violencia de género comienza mucho antes. Hacen hincapié en las señales que interpretar para ser conscientes de cómo están tratando de someternos. La dominación sexista se encuentra amparada, no sólo por el macho dominante sino por un entorno de mujeres que  inducen a ser dominadas, mujeres cuya educación es machista.

Querida y querido, has de estar alerta, muy alerta, una forma de reconocer si a nuestro alrededor están ejerciendo una educación sexista sobre nosotros es analizar sus propias vidas, cómo viven, qué hacen, qué comentarios hacen sobre otras mujeres y otros hombres. No es raro que se hagan comentarios despectivos con respecto de mujeres independientes, con poder, mujeres que eligen sobre su sexualidad, que muestran conocimiento, que deciden no casarse o no tener hijos, o no someterse. Muy probablemente se criticará a todas aquellas mujeres que deciden cómo quieren que sea su propia vida y no se ajustan al paradigma de mujer sometida, mujer ama de casa, mujer de su casa… Igualmente se criticará a hombres que asumen funciones atribuidas a la “mujer”. Las señales de dominación sexista son:

– Todo este tipo de comentarios con respecto de las tareas propias de tu sexo. “Eso es cosa de hombres, eso es cosa de mujeres”.

– Los comentarios acerca de tu imagen, “la falda muy corta”, “no quiero que te pongas tan guapa para nadie que no sea yo” o a la inversa, “arréglate, pareces un tío”, “vístete como una chica”, “las chicas son presumidas”, “las chicas hablan bien, saben estar, saben callar”.

Si estás primeras pautas son asumidas, muy probablemente lleguen otras:

– Te harán tomar conciencia de tu incapacidad. “Ay cariño si es que no sabes, déjame a mí, esto no es algo para ti”.

– Los amigos empiezan a ser molestos. “No me gusta que quedes sola con tus amigos”, “no me gusta que vayas sola” y esto se justifica con el proteccionismo, “no me perdonaría que te ocurriese algo”, ” no sabes lo que hay por ahí”, “es peligroso”.

La evolución hacia la dominación/sumisión es un camino en el que se van aceptando y cediendo parcelas de poder, perdiendo el control de la situación y asumiendo que vas a ser controlada. En este camino es fundamental la aceptación previa de estos pasos hasta que perdemos el control sobre nuestra persona. Es muy probable que si en las primeras fases de esta situación no accedes, no aceptas, la situación no avance, pero es seguro que si vamos aceptando cada uno de estas pequeñas pérdidas de parcelas de poder, muy probablemente no podamos recuperar el control que hemos cedido:

– Control del dinero: Comienzan a pedirte rendir cuentas, te acusan de gastar, debes explicar lo que gastas y en qué, hasta que se ve justificado quitarte el control del dinero porque eres una “mano rota” porque no te controlas.

– Control de las salidas: Comienzan a molestarse por salidas del hogar sin la presencia de la pareja hasta llegar a la prohibición.

– Control sobre el entorno: De los comentarios sobre ciertas amistades o familiares pasamos al alejamiento e incluso la prohibición de ver o estar en contacto con personas que no son del agrado del dominante.

– Control sobre la autoestima: Se te quita el poder de decisión, se te aleja del entorno, se te deja en soledad, se manipula tu voluntad, todo esto es posible gracias a que llegados a este punto ya no tendrás control económico, no puedas acceder a gestionar tu dinero, ni tu casa, ni tus encuentros, ni las amistades, puede que incluso hayas dejado de trabajar fuera de casa, te han despojado del contacto con el exterior y muy probablemente los comentarios sobre tu imagen sean despectivos, habrás escuchado que eres una inútil, que no sabes hacer nada, que eres un desastre, que todo lo tiene que hacer él, que no le ayudas, que tiene mucha responsabilidad y tú vives muy bien sin pensar en nada…

Si hemos llegado hasta aquí, hace tiempo que estamos en riesgo. A partir de este momento nada va a mejorar. Bienvenida al hogar que siempre soñaste, el perfecto hogar donde tú eres la mujer sometida y él se ha convertido en dominante maltratador:

– Prohibición. Te será prohibido cualquier acción que implique controlar tu destino, tanto a nivel económico, como social. Ya no tendrás contacto con el exterior excepto en compañía y bajo las condiciones de tu maltratador.

– Anulación de la voluntad. No tomarás ninguna decisión, muy probablemente ya seas incapaz de hacerlo, has comenzado a sentir miedo, todo lo haces mal, no sirves para nada, no haces más que causar problemas y potenciarán tus debilidades, complejos, traumas para conseguir someterte. En este momento tu sentimiento de culpa se ha multiplicado de manera exponencial, asumes que eres culpable de todo lo malo que sucede a tu alrededor.

– Secuestro. Sin saberlo actúas como una persona secuestrada en su propia casa, no tomarás la decisión de salir sin permiso, no te pararás a hablar con nadie, tratarás de huir deprisa cuando alguien te pare y quiera hablar contigo, inventarás excusas para no pararte a tomar un café con una amiga, no responderás  a llamadas de amigos, justificarás a tu pareja en todo momento si alguien se atreve a ponerte delante la situación, callarás los abusos de autoridad.

– Violencia verbal. Los insultos y vejaciones han subido de tono, de inútil a tonta o subnormal, serás una puta si te arreglas, darás asco sino lo haces, si miras a alguien en una cena, si saludas cortesmente, serás una buscona… Todo será susceptible de provocar insultos hacia tu persona. Si respondes o te enfrentas esta situación se agravará, las discusiones serán cada vez más violentas, los insultos más dañinos, el volumen más alto, llegarán los gritos y aproximaciones dominantes, el arrinconamiento, el ejercicio del miedo a la violencia física, llegando a las amenazas.

– Violencia física. Cuando te dan una hostia, hay poco que explicar, has llegado al final del camino, una hostia, traerá otra, y otra, y otra y otra y después vendrá aquello de los vecinos en la tele diciendo lo buena persona que era…

Esta es la crónica de la violencia de género ejercida contra las mujeres. También hay hombres víctimas de mujeres dominantes que ejecutan todas estás acciones de dominación a través del desprecio. Mujeres que ejercen control sobre hombres a los que se les anula la voluntad, llegando incluso a la violencia física. Deben ser tenidos en cuenta, al igual que hay hombres que hacen mucho más que muchas mujeres por luchar contra esta lacra que parece no interesar demasiado, excepto para hacerse la foto el Día de la Violencia de género. Hombres que escriben comentarios desesperados porque no saben qué hacer cuando escuchan palizas en la casa de al lado y la mujer no quiere denunciar. Lo cierto es que el silencio también forma parte de nuestra educación, la vergüenza, el qué dirán, el mantener las cosas de puertas para adentro forman parte de esta cultura cómplice de asesinatos, cómplice de torturas. La falta de apoyo y compresión es un elemento más que convive con esta situación pues cuesta entender que una persona a día de hoy se deje someter de esta manera, se deje anular, vejar, torturar, pero todo esto esto comienza con la anulación, con una educación basada en la memoria colectiva de cómo debe ser una mujer, memoria colectiva que la religión y el poder se encargan de alimentar.

Es incompresible que a estas alturas y con los datos que se manejan en todo el mundo, el desarrollado y el menos desarrollado, no haya un país que se libre de este problema. Las mujeres son víctimas de la violencia doméstica, esclavizadas para consumo sexual, sometidas a vejaciones laborales por su condición de mujer, expuestas como mercancía en la televisión y los medios de comunicación,  donde los modelos de guapa imbécil, rubia tonta, escultural ignorante están muy por encima de mujeres inteligentes e independientes.

Vivimos en un país que prima la estupidez, que calla la violencia, que se permite el lujo de publicar libros dónde te invitan a Casarte y ser sumisa. Un país donde mujeres que se dedican a la política culpan a la emancipación de la mujer de los niveles de paro y acusan al feminismo de conducta reprobable. Donde se aplaude desde los sillones ocupados por mujeres en los organismos oficiales la voluntad de elegir quedarse en casa para servir al hombre, a los hijos y al abuelo, donde se dan cursos para amas de casa para aprender economía y labores domésticas en pleno siglo XXI. Pero también se nos exige trabajar fuera, ser profesional, comprometerse con la empresa que no te deja comprometerte con nada ni nadie. El nivel de exigencia al que se somete a las mujeres de hoy que luchan por tener una vida profesional y una vida personal es una carrera de obstáculos. Además la presión ejercida a través de la educación, el entorno social, es un añadido en el que una a veces tiene ganas de apearse del carro. Es grave que el machismo se siga expandiendo, pero más grave es que seamos las mujeres las que lo aceptamos, las que educamos bajo esa convicción. Tras unos 70 y 80 convulsos que propulsaron la liberación de la mujer y en nuestro país, la llegada  del divorcio, el aborto, estamos unas décadas después volviendo a retroceder, alimentando de nuevo la sumisión, así que ¿sumisa ? ¿yo?, LOS COJONES (comentario machista donde los haya para hacer prevalecer mi voluntad) ¿obediente como ellas? Ni muerta, ¿calladita? En la puta vida.

Señoras que escriben tratados sobre cómo ser sometidas: váyanse a la mierda.

La esposa entregada: