Mis planes …¿qué planes?

hasta los huevos

Imagen: Selma Tango

Hace un par de meses tenía muchos planes, con mi primera novela publicada en la mano Pakeha Tattoo (disponible en La Casa del Libro, by the way), había planeado presentaciones, volver a retomar el ukelele, hacer nuevas canciones, y recuperar a mi Selmita más artista. Entonces llegó de sopetón una cirugía el 7 de febrero, ¡a tomar por culo utero!, un post-operatorio jodido y sin fuerzas, una mudanza express y ¡zas!… ESTADO DE ALARMA. El 14 de marzo y tras la locura en los supermercados nos vemos encerradas en una casa nueva en la que la suciedad es la nueva normalidad, las cicatrices me tiran en la barriga, la caldera no funciona, las cajas y muebles impiden el paso y cae fuerte esa lluvia mediterránea de primavera que trae frío en Fallas.

¿Y ahora qué coño hago con el libro y los planes de la Selma?

Tras varias semanas concentradas en poner “orden en casa” que diría la Marie Kondo y hacer funcionar el agua, la cocina y  la calefacción, por fin vuelvo a pensar… así, VUELVO A PENSAR.  Y lo primero que pienso es que debo dejar de ver las noticias y Al Rojo Vivo y La Sexta Noche y… todos esos programas que han convertido en entretenimiento la desinformación y sobre todo el circo de la pandemia. Ni siquiera voy a hablar de los políticos y periodistas, creo que han tocado fondo, dejan todo que desear.

Jamás pensé que me iba a ver privada de libertad pero la rutina casera me hace más llevadera la falta de mar y es que desde que me mudé vivo tan cerca de la  playa  que la escucho pero he tardado  más de 50 días días en pisarla. No me quejo, la espera me ha hecho más paciente y pisar la arena por primera vez me ha sabido a gloria igual que ver saltar a mi hija salpicándome agua salada en la orilla. Cuando vuelva a surfear va a ser la ostia.

A base de palomitas, cine y la cervecica de la tarde he disfrutado del vacío que ha reflotado en nuestros corazones. No niego que parte de culpa de ese vacío nostálgico la tiene After life, la serie de un tipo al que admiro bastante, Ricky Gervais, ese al que me encataría parecerme. After life me parece una  obra maestra  y me lo parece por absoluta empatía, por esa pasión que comparto por las residencias, la vejez, el amor, la normalidad en los entresijos del ser humano y nuestra humana debilidad.

En mi más tierna juventud, en un deseo solidario que se convirtió en insoportable para mi sensible corazón, me concentré en trabajar con abuelicas en residencias y también en sus hogares. Traté de formarme en los cuidados de la muerte, los cuidados paliativos, para acabar descubriendo en un par de años que la realidad me resultaba insoportable. La tercerda edad ya era un negocio hace veinte años, en las residencias se racaneaba con el puré de polvos y la sopa de sobre, las gasas  eran oro, las gotas de haloperidol eran bastante generosas dejando a los residentes con la baba colgando y la limpieza de úlceras llenas de gusanos siempre me tocaban a mí porque el escaqueo era una práctica extendida.

Cuidado que no voy a hablar mal de las auxiliares, es un trabajo durísimo, mal pagado y nada agradable, los y las abuelas no siempre son entrañables, el alzheimer es una de las peores cosas a las que me he tenido que enfrentar y el beneficio prima sobre la salud de los trabajadores y los residentes. Todo esto ya lo sabíamos porque la crisis trajo todavía más precariedad en este sector. Ahora sólo les ha estallado en la cara pero me ocuparé de esto ahora, merece un análisis profundo.

Curiosamente, el día que ingresé en el hospital mi abuela de 90 años fallecía y mi abuelo tuvo que irse a una de esas residencias de grandes grupos inversores. Pocas semanas después interviene la comunidad autónoma de turno porque de 150 residentes, 105 son positivos en Covid 19. Adivinidad… mi abuelo de 92 años es positivo y yo siento el vacío, siento que 900 kms es demasiado lejos.  El vacío me inunda por dentro mientras comienza a llegar el sol de primavera y mi hija canta y  baila feliz ajena a todo en la terraza. Ella vive en su mundo gominola y a mí me encanta.

El vacío me inunda porque no puedo tomarme una Tyris Original con “los Visens”, mis  más que amigos,  mis socios, y no lo calma la videoconferencia ocasional con mi madre y mi hermano o con mis coleguis con los que también me tomaría una Tyris. No se va el vacío con el amor de mi hija y tampoco con la ternura de mi compañero de almohada, porque mi vida está llena de otras cosas y aunque soy feliz, sé que lo soy porque cada día pienso en lo importante, algo que me eriza el vello en mi momento diario en que me digo “Selma, tú sabes que sigues aquí por el amor, porque la vida es algo tan sencillo como estar sentada a la mesa con unos amigos celebrando que hoy es hoy, con unas cervezas y una paella”

… Y en uno de esos momentos de conciencia durante el confinamiento me miro en el espejo y digo “Selma te estás poniendo gotxina, hay que mover este cuerpo, haz algo de deporte, llévate el cacharro de música portatil ese que te regaló el Visen para bailar Never in my wildest dreams. Vuelve a ver The Office para reirte, baila, baila con tu hija, baila mucho porque el universo ahora está en tu salón y no sabes si vas a tener otra oportunidad de confinarte para hacer lo que te rote, aprovecha esta mierda”.

….Y a falta de surf empiezo a hacer yoga con mi “belisima” profe Raphaela Fisher para estirar mi entumecido y regordete cuerpo, empiezo a bailar con la peque que se vuelve loca y sonríe con los giros que le doy al cogerle de la mano… y me río con Dwigth Schrute y Michael Scott… Y digo más veces te quiero, sudo, bailo, piso la arena de la playa y el agua del Mediterráneo, sintiendo la inmensa felicidad en el vacío de todos y todas las que me faltais. Me dejo mecer por el sol sin escuchar más mierdas sobre mascarillas, alcohol, UCIs y fases de desescalada, sólo me mantengo lejos de otra gente porque a los únicos que quiero abrazar están muy lejos.

Os echo de menos Ozzy y Lemmy, mis Ewoks perrunos que están pasando este tiempo acompañados de los abuelos en la sierra, echo de menos a la familia, es obvio, echo de menos a mis coleguis de Bilbo, Cantalejo, Mallorca, Valencia, Cotos, Vallekas, Caraquiz, Alacant, el Cabanyal…echo de menos a las Mamás súper bonitas, a mi Psico de Burriana, mis Blancas… echo de menos al Mozu, los de Rock Estatal, el Antonio que está sólo en Madrid, las de Studio Squina y al Jarcor, mi socio al otro lado del Atlántico.

Echo de menos a todos los abuelos, el vivo positivo y los muertos y se me saltan las lagrimas cuando veo a mi hija hablando a la foto del abuelo Pepe: Estamos bailando abuelo, ¡estamos bailando!

Echo mucho de menos a mis socios, las cenas de fútbol al que yo no hago ni caso, las cervezas de gourmet y el rocanroll a las 12 de la noche. Echo mucho de menos escribir una buena historia como las canciones, de las bonitas, ya casi se me ha olvidado todo lo que pensaba hacer dos meses atrás y empiezo a ver After life.

Me sienta bien Ricky Gervais cuando estoy en el mismo banco sentada con él frente a la tumba de su mujer, como la paisana que siempre está allí, yo también tengo a alguien de quien despedirme. Me sienta bien ver cómo recuerda sus mejores momentos porque yo recuerdo los míos. Me sienta bien ver a su perra porque me siento más cerca de mis Ewoks. Me sienta bien porque siento que mi abuelo no está tan sólo en su habitación de residencia, ahora que ha vuelto del hospital por fin con un análisis negativo,  lo acompaño viendo a Ricky Gervais en la residencia cuando va a ver a su padre, estoy sentada en la silla a su lado, mientras su cabeza divaga en la demencia mirando por la ventana.

Joder como os echo de menos ahora que, de momento, no tengo planes.

Selma.