Héroes de papel en la terraza del bar, Évole vs Reverte

game-overQue Jordi Évole había creado mucha expectación con el estreno de Salvados es una realidad. En la cadena una batería de anuncios de la entrevista al tipo que ha dicho por activa y por pasiva que no va a la tele, ese periodista que vive en Territorio Comanche permanente y novelista de héroes alatristes. Pensándolo bien, con la cantidad de tertulias televisivas que hay en este momento, formato barato para tiempos de crisis, seguramente a Pérez Reverte le hayan llovido las ofertas para dejarse caer por dichas tertulias a soltar alguna de sus perlas a los Marhuendas.

Seguí la entrevista desde el confortable salón de mi casa, no eran horas de estar haciendo la revolución, aunque para la revolución no hay horas, diría el revolucionario. Lo admito, tenía interés por ver en carne y hueso, tras la pantalla, al tipo que en multitud de ocasiones me ha hecho sentir que me ha quitado la palabra de la boca. Quizás porque es más mayor, quizás porque ha vivido más y corrido por el mundo tengo al Sr. Reverte por un endiosado sabio que desde su trono digital dice lo que le place sin filtro, algo que alabó el Jordi con cierta razón.

Pérez Reverte soltó perlas sobre todo, así, en general, dejando claro que parece estar de vuelta porque el conocimiento profundo de la historia suele llevar pareja esa sensación y es que es asombroso que la historia se repita cíclicamente. El tema del programa era si la vida seguía igual en este país en el que, en muy poco tiempo nos han dado la vuelta en la sartén y lo que parecía iba a ser una tortillita, doradita y en su punto, se está achicharrando. Esa tristeza que implícita en las palabras de Pérez Reverte ha nacido del que se siente impotente al ver cómo la disgregación social ha hecho que no podamos organizarnos para clamar por lo que sería justo, es hoy el estado general de las cosas. El país está triste, no lo dice Pérez Reverte, lo dice la inmensa mayoría de la gente, la tasa de depresión y consumo de ansiolíticos y antidepresivos se ha disparado. Aunque como decía Reverte todos queremos que pase la crisis para seguir haciendo aquello que hacíamos antes, es decir, no preocuparnos, seguir consumiendo como si mañana se acabase el mundo y pensando que somos los reyes del Mambo, hoy sabemos que nos la metieron doblada. Lo peor de todo es que muchos lo avisaron y algunos lo leímos, lo escuchamos en alguna canción, lo vimos en alguna entrevista, o lo intuimos en algún documental, pero aquellos que avisaban eran más agoreros que Casandra y les mandamos a la mierda para no aguarnos la fiesta de que con un sueldo de mileurista podíamos comprar el mundo, o al menos una casa por 250 mil pavos. Apuntaba este sabio con patente de Corso que si mañana despertase una revolución, saldríamos corriendo a asomarnos por la ventana para ver si nos han quemado el coche, como decía la canción de Def Con Dos, puedes lapidar a mis ancianos padres, pero hagas lo que hagas, no me ralles el coche. Somos así, ni siquiera el intento de organizarse del 15 M quedó con cabeza en las palabras de Pérez Reverte, y eso que admitió haber visto en ese momento un pequeño oasis de heroicidad en aquellos jóvenes que salieron a la calle, pero hoy el 15 M es algo anecdótico, que recuerda mucho al fuelle que perdieron los hippies protestones antivietnam cuando fueron inundados con marihuana, heroína y LSD. Esta vez el 15 M, está limpio, pero no está y para muchas cosas ni se le espera. Localmente se hacen cosas que pueden estar paliando la posibilidad de un estallido, porque el españolito es muy pícaro, muy egoísta, muy cotilla y muy perrillo, pero también es solidario, asombrosamente puede llegar a ayudar a los demás, aunque sólo sea por ese resquicio de caridad a la que invita el líder más seguido de este país, Jesucristo.

El programa mostró varios ejemplos de cómo localmente la población estaba tratando de hacer frente a la desnutrición infantil, a los desahucios con monja incluída animando a la ocupación de casas en manos de los bancos y todo esto sin salir de un mismo barrio en el que el valor de la vivienda ahora es tres veces menos el valor que fue en aquellos años de la burbuja inmobiliaria y que nos llevó a todos al desastre, o más bien a la exclavización de tener que pagar la hipoteca. El miedo a lo que pueda pasar está haciendo que no pase nada. Vecinos que ahora están en la puerta del súper con la mano extendida, los niños que van al colé cada vez más delgados y que hace unos años corrían por el parque con bolsas llenas de chucherías y los que tienen, miran para otro lado, enfrentados. El que tiene trabajo, se enfrenta con el parado, porque le tiene que mantener, con el funcionario porque vive mejor que él, con el inmigrante porque vino aquí a quitarle el trabajo y te dan ganas de gritar o vomitar, porque el que le quita el trabajo se sienta a comer de cinco tenedores, y con la copa y el puro en la mano recomienda currar más y cobrar menos, sentando cátedra de cómo se resuelve la situación del país, que, eso sí, le está generando grandes beneficios, porque hoy España es más “competitiva” que hace unos años, hasta Bill Gates lo sabe y va a sacar tajada.

Acabó el Sr. Reverte apuntando que de todo esto saldrá un hombre nuevo más consciente de que no se puede encantar consigo mismo porque la patronal seguirá proponiendo lo que le viene mejor, currar más y cobrar menos, con la excusa de ser más competitivos, los Estados seguirán endureciendo las libertades, porque el control de los brotes de insurrectos será una máxima prioridad y nuestra vida se parecerá mucho a las películas de ciencia ficción en la que los estados ultra controladores, generarán legiones de autómatas que se conforman con poco, para los que siempre habrá una Resistencia, a la que acusar de aquello que no les conviene y que dará ejemplo de lo que puede ocurrirte si te sales del tiesto. Puedes ser un Justin Timberlake corriendo para comprar tiempo, saltando directamente a donde vive la élite con su comida, su aire y sus ropas no contaminadas… lo malo es que en las pelis la historia acaba bien, pero aquí el final feliz no está en el guión, es más, las pelis se parecen mucho en esencia a la realidad, para que la realidad de la conspiración pierda su credibilidad. Si usted dice, todo esto forma parte de un plan, un pastel que se reparten los que pasan después a dirigir nuestros destinos bien sea desde un escaño o desde una empresa privada, allanándose el camino para que después los beneficios sean más. Frases como que vivimos demasiado y no podremos pagar las pensiones, o que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, o que mantenemos a demasiados inmigrantes, o bla, bla, bla, sólo nos hacen apuntar con el dedo al tipo equivocado como culpable de que yo hoy esté en peor situación que ayer. Nos están acostumbrando al, es inevitable, al no hay nada que hacer, es necesario hacer esto, y el que propone cualquier otra solución es desacreditado y ya está, sólo hay un discurso y mientras la calle proteste dentro de los límites de una legalidad cada vez más limitada, no hay problema porque hasta eso está previsto y sirve para dar un canal de despotrique en la barra del bar, que es donde nosotros hacemos la revolución, es donde nos sale el presidente del gobierno que todos llevamos dentro, es donde postulamos nuestras teorías para salir de esto, y es donde a la hora de cerrar, nos vamos a casa, eso sí, mirando antes si hemos dejado el coche al lado de un contenedor por si a algún desalmado se le ocurre prenderle fuego.

Tras la entrevista esperada por muchos, algunos tweets acusaban a estos dos sentados en la terraza del bar de no hacer nada por cambiarlo, como decía aquella canción de La Polla Records y es que ni en esto nos pondremos de acuerdo. Claro, es muy bonito hablar y hablar delante de un vaso de agua y decir lo que está mal, pero si no vas a una asamblea parece que no tienes derecho a quejarte o dar tu opinión. Si no empuñas una pancarta, si no te da con una pelota de goma un antidisturbios no debes hablar porque no sabes lo que pasa en la barricada. Esto es lo que produce esa enorme tristeza, aquí radica la impotencia, si hablas no estás actuando, pero, sinceramente, señores revolucionarios de barricada y pancarta, en este juego que alguien como Pérez Reverte inspire a 4 millones de personas, 20 % de share, soltando perlas y lección histórica de cómo ha sido este país es algo, ¿no? Quizás alguno de esos cuatro millones mañana esté con ustedes en la calle, en la marea blanca, azul, verde, negra… la del color que sea, y que lo haga porque ha escuchado algo que le ha hecho pasar a la acción. ¿O no? Ya pueden empezar a pelarme viva, porque yo también elegí la palabra en vez de la pancarta para comenzar el día de hoy.

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